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miércoles, 24 de mayo de 2017   07:36 
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Columnas de Opinión
Helio René Arce Cabañas
Helio René Arce Cabañas
La migración de estudiantes paraguayos al Brasil

Vivir en una zona de frontera acarrea situaciones que no viviría en otras regiones de país. Algunas buenas, otras no tanto. En lo que se refiere a la educación se dan varios factores de los cuales podemos ponernos a discutir y sacar nuestras propias conclusiones. Y resultados que este contexto proporciona.

Una de ellas en especial es el de las familias que al llegar sus hijos en edad escolar se encuentran con la opción de hacerlos estudiar tanto en el lado brasileño como en el paraguayo. Es allí donde los padres de familias paraguayos se encuentran en una gran interrogante, pues claro es que por un lado tenemos nuestra identidad como paraguayos, nuestra idiosincrasia y lo que más sea que haga nacer esa fuerza que une a un hombre a la tierra donde ha nacido. Y por el otro las ventajas que ofrece un sistema de educación que alcanza a seducir a cualquier persona que desee mejores horizontes y oportunidades para sus críos. Todo esto materializado por programas como “bolsa familia”, “bolsa escola”, transporte de calidad y otras ventajas a las cuales nuestro sistema educativo, de por sí ya precario, no es capaz de competir. E incluso, como si fuera poco, se suman problemas tan nuestros como cuestiones sindicales, huelgas, paros, falta de infraestructura, maestros, aulas, etc. Lo que dificulta aún más la situación.

Es claro que un buen padre de familia que desee siempre lo mejor a sus hijos optara por llevarlos a estudiar en el otro lado de frontera. Todo esto no es nada frente a los problemas que esta (al parecer) una simple decisión de los padres, nos trae como nación. Estamos perdiendo ciudadanos, perdiendo identidad. Cada niño paraguayo que va a estudiar al Brasil pierde de por vida los lazos de nacionalidad y patriotismo que le une a su nación. Decimos y pensamos que en Paraguay lo más valioso que tenemos son nuestros niños. ¡Hasta eso lo estamos perdiendo!

Es duro parar en horario de la salida de los centros educativos frente a la línea internacional y ver al futuro de la patria llegar de otro país al que fue a estudiar. Y saber que este niño que viene regresando no es el mismo que se fue, porque los colores a la bandera a la que dedicó su dulce voz ya no es la tricolor nuestra.

Son muchas más las consecuencias que nos acarrea no tener un programa de educación para zonas de frontera. Esto ya dependerá del tiempo que pase y de la óptica de la que la observemos. Nuestras autoridades y todos nosotros debemos pensar dos veces al preocuparnos por la educación de nuestra comunidad, porque como dice aquella ya gastada frase, “la Educación es compromiso de todos”.

Lo bueno es entender que no todo está perdido y que no se necesita de mucho para llegar a ofrecer las mismas oportunidades a nuestros hijos en nuestro propio país. Podemos citar como ejemplo a la escuela San Alfonso, ubicada en el barrio Villa Industrial de nuestra ciudad, institución esta que logró lo que parecería imposible: revertir la situación y así “recuperar” a mas de 68 alumnos paraguayos, quienes hicieron el camino inverso y volvieron a su país a estudiar. Esto se logró sin inversiones millonarias ni programas especiales. Nada más con autogestión, compromiso y dedicación a su labor por parte de su directora y profesores quienes consiguieron comprometer a otros sectores, como a los propios padres, sociedad y hasta alumnos, a comprender el verdadero significado de la educación.

Me despido con esta frase para reflexionar: "Tiene más grandeza educar a un niño, en el verdadero y amplio sentido de la palabra, que gobernar un estado." (William Ellery Channing).


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