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martes, 27 de junio de 2017   03:03 
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Columnas de Opinión
Diego Ignacio Lozano
Diego Ignacio Lozano
Herramientas en las que podemos confiar

Con frecuencia, caemos en la pesimista sensación de que, si bien “un hombre solo no puede hacer nada”, tampoco logramos convencernos de la compañía que nos toca para que tal o cual empresa sea la más adecuada. Esta es la conclusión a la que arribamos a partir de un catártico desenlace mediante el que el sentimiento de culpa jamás resulta propio. Como si jamás hubiésemos sido gandules en el vértigo y aletargados por la incomodidad de estorbar hayamos desistido de algo.

Siendo que lo más noble de la diversidad es paradigma por haber compartido un error, practicando todo el día no siempre se adquiere puntería. Estar en buenas condiciones es más interesante que estar mejor, porque ese estado de mejoría implicaría un progreso donde no está implícita la buena condición, sino más bien una sensación de estar “menos peor”.

Cuando tenemos un objetivo, medimos fuerzas. En la lógica del embuste, incurrimos en la tentación de incluirnos en el engaño. Para ser naturales, vivimos la intensidad de la acción postergando fugazmente un final que ya conocemos. Es que si carecemos de algo óptimo para ofrecer, hurgamos en nuestro saco de recursos intentando encontrar una excusa que nos libere de la culpa por no haber sido razonables.

¿Cuánto más tiempo dispondremos para admitir que los elementos y las personas deberían converger en la armonía necesaria para llegar a un resultado exitoso? La elección es nuestra. A pesar de todo, somos recurrentes en los tristes intentos de creer en lo que no tenemos.

El trabajo es todo. Toda actividad implica un trabajo, ejercicio que dignifica las cualidades de las personas y enaltece el valor de los aparejos. Es que de algún modo, podemos considerarnos enseres de un engranaje donde formamos parte de un mecanismo que en apariencia, es indulgente con los errores. Enaltecemos nuestra jerarquía otorgándonos a nosotros mismos el derecho de creer mediante el tránsito lúcido hacia la perfección.

¿Será que tenemos en cuenta que en toda actividad conjunta ya no somos la única fuerza propulsora? Con todos los riesgos que significa la falta de control sobre la voluntad y la naturaleza ajena, es bueno conceder las mejores condiciones a los demás y optar por las mejores herramientas posibles.

Nuestra mejor inversión consistirá en aglutinar por instinto y por razón individualidades y cosas que nos permitan generar en conjunto una propuesta sólida a los desafíos que nos presentan los tiempos modernos.


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