el nordestino
jueves, 14 de diciembre de 2017   10:06 
facebook twitter gmail

Columnas de Opinión
Diego Ignacio Lozano
Diego Ignacio Lozano
La Rueda del Tiempo y una Nueva Primavera

A pesar de que cuando éramos jóvenes nos había parecido que nuestra instrucción tenía mucho de fortuita, lo cierto es que nuestra formación se había ceñido completamente a un impulso encubierto y determinado por una tradición.

Esa tradición se regía por un medio de conocer las cosas diferentes de aquel que rige nuestro mundo cotidiano. A lo largo de nuestro aprendizaje verificamos por nosotros mismos, que a pesar de nuestra natural rebeldía, la educación tradicionalista se rige por un sistema cognitivo notoriamente distinto a lo que experimentamos desde que nacimos.

De acuerdo con las premisas de la educación tradicionalista, los maestros dan a entender que lo que se evidencia en la disposición de este conjunto de enseñanzas es la rueda del tiempo, una construcción que no es ni especulativa ni teórica para aquellos hombres, sino tan pragmática como ellos mismos. Para los maestros tradicionalistas el tiempo es, claramente, una disposición de la energía, un arreglo que los aprendices podríamos tocar, mover y casi dirigir.

Gracias a la inmensa concentración que desarrollamos a lo largo de nuestras vidas, fuimos realmente capaces de tocar la rueda del tiempo y moverla a tal punto que el propósito de su movimiento, cualquiera que éste haya sido, puede sentirse en nuestros días.

El problema de los hombres modernos es que intuimos nuestros recursos ocultos, pero carecemos de la irreverencia de utilizarlos.

La humanidad necesita ahora más que nunca que le enseñen nuevas ideas que tengan que ver exclusivamente con su mundo interior. Y el tiempo es ahora, porque cuando llegue nuestra última primavera deberíamos haber preparado a quien nos suceda y continúe nuestra obra.


Comentarios
Publicidad
Publicidad
Publicidad