el nordestino
jueves, 14 de diciembre de 2017   10:08 
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Columnas de Opinión
Diego Ignacio Lozano
Diego Ignacio Lozano
Donde cambian las personas

A todos los individuos moderadamente informados nos suena ese nombre que teníamos en la punta de la lengua, del que queríamos decir algo sin saber lo suficiente. Fue el primer adjetivo que nos vino en mente, para nominarlo de algún modo, sin necesidad de calificarlo. Hasta formó parte de algunos momentos en nuestras vidas. Lo abarcaba todo. Pero no voy a contar esa historia, hoy no.

Algunos dicen que las personas no cambian y supongo que es cierto. Aunque es lógico pensar que las personas cambian en algunas de las estaciones de sus vidas.

El monótono letargo de una existencia encerrada entre cuatro paredes y la efímera convivencia con nuestros semejantes es lo que nos mantiene vivos. Somos el producto de lo que vivimos día a día y el resultado básico de nuestros errores. Es por esto que la administración de nuestras palabras (y aún de nuestros gestos) nos proporciona equitativamente el silencio que necesitamos para reposar.

Bastaría darle dinamismo a los recursos de los que podemos echar mano (propios y ajenos) para lograr convencernos que tenemos el potencial para cambiar el estado de cosas, si es que nuestra ambición nos permite regalarnos una dosis de felicidad.

Sería cuestión de preguntarse si es mejor vivir de buenos recuerdos o padecer el irresistible deseo de mejorarlos.


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