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martes, 27 de junio de 2017   03:04 
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Columnas de Opinión
Myrian Inés Torres de Jiménez
Myrian Inés Torres de Jiménez
Luces y sombras de la reforma educativa en el Paraguay

La reforma educativa en el Paraguay que se inicia en la década del noventa del siglo pasado,  una propuesta ambiciosa ideada por un grupo heterogéneo preocupado por la situación de la educación en el país producto de una larga dictadura. Ha sido analizada por varios sectores de la sociedad paraguaya y ha recibido el aporte  y sugerencias de los docentes a pesar que muchas de las sugerencias no se han tenido en cuenta. Han pasado 20 años  de implementación, se puede ver los aciertos y errores. Este ensayo pretende analizar las fortalezas y debilidades de dicha reforma en cuanto a principios, metodología, sistema de evaluación y estrategias metodológicas.

La teoría socio-construccionista que amalgama varias teorías es la  que sustenta la reforma educativa en el Paraguay en donde se enfatiza que el estudiante (niño, joven o adulto) es protagonista de su propio aprendizaje, un nuevo paradigma educativo; lastimosamente la aplicación aun no está generalizada en el país.

Esta reforma tiene varias  fortalezas: están las relacionadas con los principios, se está pretendiendo formar un hombre paraguayo pensante, que tenga criterio propio, que ya no repita mecánicamente lo que aprende. Se le está preparando a los estudiantes para convivir en una sociedad democrática. Otro aspecto positivo es que la educación ya es vista como una tarea permanente, desde la más tierna edad van a la escuela, ha aumentado el número  jóvenes y adultos, la mayoría deseosos de aprender y contribuir al progreso del país. En cuanto a la metodología muchos docentes emplean un método más abierto, más participativo, dinámico. El alumno ya no es un mero receptor, el estudiante participa activamente, interpreta y luego produce; en el Paraguay no era esa la práctica por eso esta reforma fue y es un desafío, siempre fue más fácil copiar y repetir, una metodología empleada por siglos. La clase magistral poco  a poco va desapareciendo, los alumnos se van convirtiendo en protagonistas. La evaluación en la reforma educativa no mide solamente la capacidad de almacenamiento de datos, ha ido más allá, está en la búsqueda de un persona más íntegra, por eso es una evaluación procesual, de seguimiento en donde no solo la prueba escrita da la última palabra,   es una evaluación  holística.

Se puede mencionar varias debilidades, en cuanto a los principios existen  tres que son quebrantados, no todos los paraguayos tienen igualdad de oportunidades para estudiar, algunos llegan hasta la escolar  básica y luego abandonan porque la situación económica   hace que tengan que trabajar para contribuir al ingreso familiar  y muchas  jóvenes se convierten en madres solteras. Otro principio que no se está logrando es que el paraguayo sea un hombre pleno, pues sufre de carencia de valores, muchas de ellas se constata en el aula: el respeto principalmente a la figura del maestro, la soberbia, la irreverencia y muchas veces la intolerancia entre compañeros, la violencia verbal y física son noticias alarmantes de una sociedad carente de educación moral y espiritual y el tercero es que la educación impartida en la actualidad no está respondiendo a la problemática del país.

El cuestionamiento a nivel país es la calidad de la educación, es una calidad que no convence, da la impresión de que cada vez el estudiante sabe menos, pasa mucho por la metodología y estrategias que emplea el maestro, se da espacios de participación, existe más dinamismo pero no se plasma en la realidad lo aprendido, por ejemplo: se da la lección de que se debe usar los basureros, pero está lleno de basuras  el  patio de las instituciones escolares  y los espacios públicos. Las estrategias pedagógicas empleadas no son efectivas y eso produce aburrimiento, falta de interés y muchas veces ocasiona la deserción escolar.

En conclusión, dos décadas han pasado, la reforma educativa paraguaya con sus luces y sombras sigue avanzando. Hay mucho por hacer, mucho por cambiar, pero requiere de  dos tipos de inversión: una espiritual, la de servicio, la de desprendimiento, hoy en día el Paraguay necesita de maestros que aman lo que hacen, de maestros investigadores y alumnos que sean incansables lectores. La otra material, la dedicación y el esfuerzo del maestro deben ser recompensados por una buena remuneración, capacitación permanente; también  con escuelas, colegios y universidades dotados con todos  los materiales necesarios para facilitar la enseñanza y el aprendizaje.


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