el nordestino
miércoles, 29 de marzo de 2017   09:20 
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Columnas de Opinión
Diego Ignacio Lozano
Diego Ignacio Lozano
(Magna Vox) La delicada función de la prensa en la era de la información

Muy atrás quedaron los tiempos donde las primeras manifestaciones de los comunicadores sociales invitaban a ilusionarse con un porvenir en el que la práctica de esa afición se convertiría en profesión, dando lugar a la figura de lo que se conocería como periodista en sus diversas disciplinas. En la era de la información, el futuro es siempre hoy.

La incorporación de nuevas herramientas a partir de la ciencia aplicada fue haciendo que la tecnología nos poseyera. Es a partir desde cuando cualquiera de nosotros adquirió la capacidad de convertirse también en comunicador social. Es así como la interacción con nuestros semejantes agrupados en lo que se conoce como “redes sociales” nos otorga la posibilidad de expresarnos y ser protagonistas.

Por esto asevero que esta realidad vívida e intangible nos provoca una contradictoria sensación de agobio a partir del clímax que sugiere una libertad de expresión total. Ya no es la calidad de nuestras expresiones la que nos califica como personas de valor para nuestros congéneres. Ahora el mérito radica en asegurarse la mayor cantidad de discípulos hasta el máximo que el mismo sistema nos permita, en plan de vanagloria. Es que siempre estamos monitoreados por un estado de cosas al que le favorece que permanezcamos ocupados en el hábito de enterarnos con la mayor celeridad de lo que expresan nuestros contactos. Siempre y cuando esa presunta libertad de expresión corresponda a las reglas y regulaciones que sin saber aceptamos al momento de comenzar a disfrutar de pertenecer a cada una de esas redes sociales. Y es cuando, sin darnos cuenta, caemos en la trampa de resignar nuestra capacidad de estar saciados de información útil, agobiados por una avalancha de datos imposibles de calificar en el magro tiempo que reservamos para vivir nuestras propias vidas.

En eso radica de algún modo el desafío que tenemos por delante los comunicadores sociales y quienes, habiendo conseguido la matrícula que corresponde, se vienen convirtiendo en periodistas. Es que también el tiempo fue concibiendo lo que hoy conocemos como graduación en periodismo, luego de cursar seis años una carrera universitaria reconocida por el Ministerio de Educación y Cultura que, con la correspondiente aprobación de exámenes progresivos, le otorgan al estudiante la todavía poco rentable licencia para purificar o envenenar a las comunidades. Como ocurre con cualquier profesión donde el buen o mal uso de los atributos adquiridos fortalecen o descomponen la saludable situación de la sociedad que alguna vez nació con el pecado original y vive en cada uno de nosotros.


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